Como consejera atendiendo a parejas y familias en este tiempo de aislamiento, puedo decir que la mayoría de los problemas de consulta no son del todo culpa de la cuarentena. La mayoría de los problemas que ha detonado este tiempo de encierro son asuntos internos sin resolver; sucesos que escondimos en una cajita, y luego, nos sorprendieron sin previo aviso.  

Aunque el aislamiento ha venido a sumar más estrés y frustraciones en las relaciones familiares, los problemas más graves no son el resultado de estar en casa, sino de eventos que no hemos enfrentado como pareja o de forma individual y que se guardaron creyendo que ahí no afectarían. Sin embargo, hay que resolverlos, no solo para enfrentar esta cuarentena, sino el resto de la vida.

Análisis de nuestros “asuntos sin resolver”

Llego el momento de elaborar juntos o por separado un análisis de nuestros “asuntos sin resolver”, y hacernos preguntas sobre las siguientes áreas: física, espiritual, profesional, marital, social, personal, financieramente, relación con los hijos, con la familia extendida, con relaciones en general.

Haga una introspección que lo lleve a descubrir esas necesidades que constantemente dan vuelta en su cabeza sin poder ser satisfechas. A continuación, le doy algunos ejemplos de “asuntos sin resolver”:

Los niños que sufrieron cualquier caso de abuso en su edad adulta cumplen la promesa que se hicieron a sí mismos en aquel duro momento. Como guardar silencio, culparse a sí mismo, planear una venganza, sentir siempre la obligación de dar una explicación por todo, o exigirse a sí mismos, y a otros, la perfección.

El proceso vivido en el plano económico, lleva al adulto a ser muy desordenado en el manejo de su dinero, o demasiado cauteloso por su temor a perder lo que ha logrado tener, o el otro extremo, cae en la obsesión de acumular sin hacer frente a las necesidades básicas del hogar o de sí mismo.

Si se crece en un hogar sin límites, sus vidas pueden volverse desenfrenadas, sin un sentido de responsabilidad, y no entenderán el porqué de tantas reglas que cumplir, o por el contrario, extreman esos límites creyendo que es la mejor forma de educar o vivir su vida.

En hogares donde se recibió mucha crítica o rechazo, se aprende a juzgar, a manejar un bajo valor de sí mismo, a sobreponer el “debería” en todo lo que se haga, negándose el disfrute de los regalos que la vida ofrece.

Si vio maltrato entre sus padres imitará esas conductas, o se negará a tener una sana relación de pareja para no dañar o para evitar el sufrimiento. Carecerán de sentido de pertenencia al no comprender la situación de dolor que vivieron, o se convertirá en el eterno conciliador.

Cuando se vive en un ambiente de adicción y alcoholismo el niño aprenderá a ser una persona dependiente incapaz de sentirse merecedor o dar amor verdadero, creerá que está bien sufrir y tolerar maltrato.

Si fue víctima de las molestas comparaciones o asumió roles que no le correspondían, esto lo llevo a desarrollarse como individuo muy inseguro y temeroso con usted mismo y con otros. Dios no hace copias en ningún lugar, usted es único es diferente y de gran valor.

Si sus padres no guiaron con sabiduría su infancia, porque creyeron que el gobierno o la sociedad con sus programas eran los responsables de su formación, o porque simplemente no sabían cómo hacerlo, o así los criaron a ellos, y hoy reacciona usted con demasiada exigencia a los suyos. Es tiempo de pensar que ellos hicieron, en esta o en cualquier otra área de la vida, lo que creyeron que era lo mejor; no dieron más porque no sabían cómo hacerlo.

Se debe asimilar que en el presente ya no se pueden satisfacer esas necesidades, pero se tiene la oportunidad de modificar patrones siguiendo estos pasos:

  • Véalo como una pérdida.
  • Acepte lo sucedido.
  • Elimine el resentimiento por medio del perdón.
  • Libérese de la ira y del enojo.
  •  Decida ser feliz.